Tal vez luego podría comprar un auto, no necesariamente uno muy moderno; pero sería feliz si tan sólo lo tuviera allí. No era exactamente una buena idea el llegar tarde el primer día de trabajo.
Había que correr: también era mala idea hacerse de planes futuros tan optimistas,sin embargo no podía evitarlo; nunca había tenido tanta posibilidad de salir adelante como ahora: las críticas sobre su último trabajo eran excelentes, y estas eran la clase de cosas que le permitían disfrutar un poco del hermoso pecadillo que significa elogiarse un poco.
El maldito folio que se había escabullido de la ruma le había costado 5 valiosos minutos y, considerando que el bus pasaba con la misma frecuencia con la que a él se le ocurría llamar a sus padres; habría que esperar -con mucha suerte- casi quince minutos más por el siguiente. Podría decirse que por más estúpida y descabellada que suene la idea de correr hasta la oficina en un terno Armani, era la mejor que se le había ocurrido hasta el momento. No era realmente mucho trayecto, pero las calles de NuevaYork son más grandes mientras más apurado se está. Ya sea por leyes de Murphy o por simple conspiración mundial, parecía que todos iban en la dirección contraria hoy; desde aquel niño rubio caucásico con el collie juguetón hasta la elegante señora con pinta de secretaria malhumorada lo empujaban al pasar de manera casi deliberada e indiferente.
No podía evitar mirar a las personas que pasaban o a las que golpeaba con su maleta para luego darles un "so sorry" apresurado: es parte de la naturaleza del escritor, es inevitable no dejar pasar los detalles: también era difícil dejar de mirar los anuncios gigantes de productos que no compraría por la bella modelo que le promocionaba, sino por la falta que le hicieran a su debido momento. Todo tan colorido que podía rehacerse una y otra vez y seguiría pareciendo original. Ay... Si su pies se movieran la mitad de rápido de lo que sus ojos... pisar la mierda de un perro es algo que sólo toca a los verdaderamente distraídos; aquel canino despercicio cubierto muy inútilmente por un billete de 1 dólar significaba buena suerte para el infortunado según la sabíduría popular; y una multa para el dueño, según el reglamento de ornato de la ciudad. Para Sandro era simplemente "mierda de perro en un zapato nuevo de 500 dólares"... perdón "mierda de perro en un zapato nuevo de 500 ... bueno, ahora 501 dólares". Rió para sí, qué bueno que el humor no lo haya abandonado ahora... podría jactarse de su actitud optimista luego, por ahora mejor seguir corriendo.
miércoles, 25 de julio de 2007
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