miércoles, 25 de julio de 2007

DOS

Tal vez luego podría comprar un auto, no necesariamente uno muy moderno; pero sería feliz si tan sólo lo tuviera allí. No era exactamente una buena idea el llegar tarde el primer día de trabajo.
Había que correr: también era mala idea hacerse de planes futuros tan optimistas,sin embargo no podía evitarlo; nunca había tenido tanta posibilidad de salir adelante como ahora: las críticas sobre su último trabajo eran excelentes, y estas eran la clase de cosas que le permitían disfrutar un poco del hermoso pecadillo que significa elogiarse un poco.

El maldito folio que se había escabullido de la ruma le había costado 5 valiosos minutos y, considerando que el bus pasaba con la misma frecuencia con la que a él se le ocurría llamar a sus padres; habría que esperar -con mucha suerte- casi quince minutos más por el siguiente. Podría decirse que por más estúpida y descabellada que suene la idea de correr hasta la oficina en un terno Armani, era la mejor que se le había ocurrido hasta el momento. No era realmente mucho trayecto, pero las calles de NuevaYork son más grandes mientras más apurado se está. Ya sea por leyes de Murphy o por simple conspiración mundial, parecía que todos iban en la dirección contraria hoy; desde aquel niño rubio caucásico con el collie juguetón hasta la elegante señora con pinta de secretaria malhumorada lo empujaban al pasar de manera casi deliberada e indiferente.

No podía evitar mirar a las personas que pasaban o a las que golpeaba con su maleta para luego darles un "so sorry" apresurado: es parte de la naturaleza del escritor, es inevitable no dejar pasar los detalles: también era difícil dejar de mirar los anuncios gigantes de productos que no compraría por la bella modelo que le promocionaba, sino por la falta que le hicieran a su debido momento. Todo tan colorido que podía rehacerse una y otra vez y seguiría pareciendo original. Ay... Si su pies se movieran la mitad de rápido de lo que sus ojos... pisar la mierda de un perro es algo que sólo toca a los verdaderamente distraídos; aquel canino despercicio cubierto muy inútilmente por un billete de 1 dólar significaba buena suerte para el infortunado según la sabíduría popular; y una multa para el dueño, según el reglamento de ornato de la ciudad. Para Sandro era simplemente "mierda de perro en un zapato nuevo de 500 dólares"... perdón "mierda de perro en un zapato nuevo de 500 ... bueno, ahora 501 dólares". Rió para sí, qué bueno que el humor no lo haya abandonado ahora... podría jactarse de su actitud optimista luego, por ahora mejor seguir corriendo.

domingo, 8 de julio de 2007

UNO

Sandro sabía lo inútil que resultaba resistirse a levantarse. Sin embargo también sabía que le sería más difìcil salir de la cama en aquel frío de mierda sin su acostumbrado berrinche solitario... Un recuerdo fresco le sugirió que era un excelente momento para poner a funcionar aquel nuevo sistema de calefacción que había conseguido -según aquel vendedor de camisa verde con cara de estúpido- en una "ocasión única"; o para, simplemente renunciar al trabajo y quedarse acobijado en su -también recién comprado- edredón de dos plazas. Una cama muy grande que, ocasionalmente no sería tan grande ( es que entre dos, todo es menos atroz), pero sus futuras aventurillas y auto-prometidas borracheras eran un punto y aparte del terno viejo que sacó del clóset casi mecánicamente, definitivamente debía estar muy adormilado para preferir aquel fósil y apartar la llamativa bolsa para portar ternos Armani: nueva y sellada.
En calzoncillos, se dió cuenta que el maldito terno gris que tantos años le había sido fiel estaba manchado... maldita la hora en la que se sirvió salsa golf... Increiblemente, y para variar, trató de ser positivo: si no hubiera asistido tan galante a la cena que el Sr. Avilés organizó para él, seguramente no tendría que ir a trabajar hoy, después de todo el tiempo que había pasado deseando poder contar con algo de dónde sacar dinero: el trabajo había llegado casi del cielo... o mejor dicho; del internet... más específicamente de un "blog cualquiera escrito por un tipo no tan cualquiera", según el señor Avilés, haciendo referencia a él o un juego de su propia desesperación. Obviamente lo de renunciar al nuevo trabajo era una broma, pero el puto frío nunca lo era; pensar en interiores con 12º de temperatura ambiente no es la clase de cosas que vuelven felices a los hombres con pulmones y más de tres neuronas.

No podía evitar sentirse ligeramente cansado de sólo pensar en todo ello que seguiría luego de cambiarse los interiores: posiblemente un baño más rápido de lo común gracias al agua caliente, secarse a prisa: el agua puede estar tan caliente como la tecnología quiera, pero el aire sigue siendo frío... "¡Que imbécil!" sus palabras resonaron en el departamento vacío con una tonalidad burlona: olvidó que ahora tenía calefacción...pensó en lo mucho que había dispendido de tanto lujo mientras presionaba un sugerente boton rojo que controlaba la temperatura, también pensó en eso mientras un poco de talco se colaba entre los dedos de sus pies, claro; para luego echarse desodorante neutral en spray por todo el cuerpo; y finalmente calzarse el totalmente nuevo terno azul marino que le había regalado la Señora Avilés, un gesto bastante amable que resultó ser un rodeo para que la esposa de su -entonces futuro- jefe le reiterara sutilmente la oferta que su marido había planteado anteriormente al joven; sin duda alguna el toque femenino en esas cosas es infalible, buen terno es buen terno; si tiene apellido, mejor, y si el apellido es "Armani", ya es hora de dejarse de coju... -"rodeos" se autocorrigió frente al espejo; después de todo, o el terno venía con actitud o se quedaba en la bolsa. Recogió los apuntes de la madrugada apenas acabada hace horas y se enrumbó a la puerta sin dejar de sorprenderse de su suerte. La puerta se cerró tras de él de manera delicada.

Se abrió nuevamente tras dos minutos de paz: Sandro entró apresurado y tomó un folder beige que había viajado por obra y gracia de la -entonces también maldita- gravedad, hasta debajo del rústico mueble de caoba barnizada de donde había recogido los apuntes hace unos minutos, se incorporó y corrió hacia su cama: se dio cuenta que había olvidado tenderla, pero no era esa la razón por la que había vuelto hasta el dormitorio: caminó unos pasos hacia la angulosa mesita de noche caoba opaco que guardaba sin más celo que el que ofrecía una manivela negra de plástico, un frasco de colonia "Hugo Boss"... Ésta clase de regalos significaban que él estaba perdiendo algo con todo esto o que no lo querían muy lejos, pero aunque lo sabía muy bien, no dudó demasiado en rendirse a aquel boton spray rojo que le coqueteaba provocativamente con un: "Anda varón: aprieta duro".
Se fué oliendo a Hugo y vistiendo Armani, pero el sonoro "¡CARAJO!" que articuló al golpearse el dedo con la puerta del cuarto le hicieron recordar oportunamente que seguía siendo "sólo Sandro".

.N.